Este es un breve, sencillo y humilde trabajo de investigación acerca de sólo algunas de las doctrinas cristianas. El lector puede consultar a profundidad amplia literatura al respecto de cada una de las doctrinas aquí presentadas.
Sea de utilidad este breve manual de doctrina cristiana para todo aquel que busca conocer acerca de los pilares de la fe. Sirva también para compartirlo con otros creyentes, pero especialmente, sirva este trabajo de investigación como una forma de que el lector crezca en su relación con Dios, a través del Señor Jesucristo.
BIBLIOLOGÍA
I. INTRODUCCIÓN
II. BIBLIOLOGÍA Y REVELACIÓN
III. ORIGEN Y NATURALEZA DE LA BIBLIA
IV. INSPIRACIÓN DE LA BIBLIA
V. AUTORIDAD DE LA BIBLIA
VI. EL CANON DE LA BIBLIA
VII. CONCLUSIÓN
TEOLOGÍA
I. INTRODUCCIÓN
II. LA EXISTENCIA DE DIOS
III. CREENCIAS ERRÓNEAS ACERCA DE DIOS
IV. NATURALEZA Y ATRIBUTOS DE DIOS
A. Atributos Absolutos de Dios
B. Atributos Relativos de Dios
V. LOS NOMBRES DIVINOS
VI. CONCLUSIÓN
CRISTOLOGÍA
I. INTRODUCCIÓN
II. LAS GENEALOGÍAS DE JESÚS
III. JESÚS EN EL IMPERIO ROMANO
IV. LA SITUACIÓN POLÍTICA EN PALESTINA
V. LOS CUATRO HERODES
VI. LOS CINCO PASOS EN LA VIDA DE JESÚS
VII. CONCLUSIÓN
PNEUMATOLOGÍA
I. INTRODUCCIÓN
II. EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO EN EL CREYENTE
III. LOS PECADOS CONTRA EL ESPÍRITU SANTO
IV. LA PERSONALIDAD DEL ESPÍRITU SANTO
V. LA DEIDAD DEL ESPÍRITU SANTO
VI. EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO EN EL INCRÉDULO
VII. LA TRINIDAD
VIII. CONCLUSIÓN
ANGELOLOGÍA
I. INTRODUCCIÓN
II. LA NATURALEZA DE LOS ÁNGELES
III. LA CLASIFICACIÓN DE LOS ÁNGELES
IV. EL MINISTERIO DE LOS ÁNGELES
V. LA CAÍDA DE LOS ÁNGELES
VI. EL ORIGEN Y LA NATURALEZA DE SATANÁS
VII. EL MINISTERIO DE SATANÁS Y DE LOS ÁNGELES CAÍDOS
VIII. ¿CÓMO VENCER A SATANÁS?
IX. LA EXISTENCIA DE LOS DEMONIOS Y LA POSESIÓN
DEMONÍACA
X. CONCLUSIÓN
COSMOLOGÍA
I. INTRODUCCIÓN
II. DEFINICIONES
III. EL RELATO DE LA CREACIÓN
IV. LA DOCTRINA DE LA CREACIÓN
V. LOS ELEMENTOS DE LA PROVIDENCIA
VI. CONCLUSIÓN
CONCLUSIÓN
BIBLIOLOGÍA
I. INTRODUCCIÓN
La Iglesia ha sido portadora de la verdad a través de las edades. Desde el primer siglo, ha esgrimido la poderosa luz del evangelio para compartirla con el mundo. “La Iglesia del Dios Viviente, columna y baluarte de la verdad” (1era. de Timoteo 3:15) se ha sostenido firme a pesar de los embates ideológicos en su contra.
Sin embargo, la ola de sectas que han invadido con fuerza la escena contemporánea, a partir del siglo XX, han puesto a la Iglesia de cara a retos nuevos y diferentes. El estudio de las doctrinas fundamentales del cristianismo bíblico, ha pasado de ser una sugerencia, a ser una exigencia para todo creyente verdadero.
Es por ello la urgente necesidad de una correcta enseñanza en cuanto a las verdades doctrinales de nuestra fe. Cada individuo integrante del Cuerpo de Cristo, debe conocer de manera sólida y clara, las verdades que en el pasado han sido reveladas, que hoy continúan vigentes y que jamás serán abandonadas por la verdadera Iglesia.
Aún cuando existen grandes obras acerca del tema, esta sección del manual, intenta expresar de forma sencilla, la verdad doctrinal con respecto a la Biblia como la Palabra de Dios. Es ella, sin lugar a dudas, única norma de fe y conducta para todo creyente legítimo. Que el lector encuentre este humilde esfuerzo, útil para su comprensión de la doctrina de la “Bibliología”, esencial en la fe cristiana. Que le conduzca a un amor renovado por el glorioso Señor y su Divina Palabra.
II. BIBLIOLOGÍA Y REVELACIÓN
Dios, en su infinita soberanía, gracia y amor, ha decidido revelarse a los hombres. La humanidad, necesita que Dios quiera mostrarse, pues de otra forma estaría incapacitado en conocerle. Dios se revela al hombre, y le da a éste los medios necesarios para poder atender a dicha revelación.[1]
Dios se ha revelado de diferentes formas, de manera gradual y progresiva, y también de forma unitaria y con propósito a lo largo de la historia de la humanidad.[2] Primeramente se ha revelado a los hombres mediante una “revelación general” (Hechos 14:17, Romanos 1:19-20, etc.) a través de la creación, de la conciencia humana, del sentido del bien y del mal, del sentido de la vida después de la muerte, etc.
También Dios se ha dado a conocer a través de una “revelación en la Biblia” donde los escritores, inspirados por el Espíritu Santo, plasmaron en el Antiguo y Nuevo Testamentos, el carácter, propósitos y hechos poderosos de Dios para darlos a conocer al hombre [3] (2da. de Pedro 1:21).
Finalmente, la revelación de Dios al hombre alcanzó su pleno y máximo nivel en Jesucristo mismo (Hebreos 1:1-2, Juan 14:9).
La Bibliología puede entenderse como el estudio de la Biblia como revelación de Dios al hombre. Analiza aspectos como su Naturaleza, su Origen, su Inspiración, su Autoridad y su Canon.
Al reconocer que la Biblia no sólo “contiene” la Palabra de Dios, sino que “es” la Palabra de Dios [4] ha de considerarse el estudio de la revelación de Dios en la Biblia, como el estudio de la revelación de Dios mismo antes que doctrinas o verdades acerca de Dios. [5]
III. ORIGEN Y NATURALEZA DE LA BIBLIA
La Biblia tiene un origen sobrenatural y su naturaleza es divina. [6] Los autores de la Escritura en varias ocasiones reconocieron que lo que decían o escribían tenía origen divino. Incluso, cuando alguien reproducía un mensaje pretendiendo ser de origen divino, y no lo era, se condenaba con la muerte (Deuteronomio 18:20).
Tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo Testamento, los escritores bíblicos no atribuían sus mensajes a un origen humano. Ellos afirmaron que hablaban las palabras que el Espíritu de Dios les había dicho que hablasen.
Esto convierte a la Biblia, en su origen y naturaleza, como un texto único en la historia de la humanidad. Es la Palabra de Dios. De principio a fin, y en todas sus partes, es de origen divino (2da. de Timoteo 3:16).
Lutero afirmaba: “Tienes que tratar la Escritura de tal modo que pienses exactamente como Dios mismo ha hablado” y “La Sagrada Escritura no nació en la tierra”. [7] Aún cuando está escrita en lenguaje humano y es accesible para el hombre, el origen y la naturaleza de la Escritura es divino (2da. de Pedro 1:21), de tal forma que es exenta de error en todas sus partes e infalible en todas sus declaraciones, debido que su Autor, Dios mismo, es Infalible. [8] Mateo 5:18 y 24:35 confirma la Eternidad y la Infalibilidad de las Escrituras.
IV. INSPIRACIÓN DE LA BIBLIA
“Theopneustos” o “exhalado por Dios”, es el significado que el apóstol Pablo adjudica a la Escritura. [9] Esta inspiración da cuenta de la forma sobrenatural en que la Escritura fue dada a los hombres.
La inspiración plenaria observa que la totalidad de la Escritura, no sólo las doctrinas esenciales, fue inspirada por Dios. La inspiración verbal dicta que no sólo hubo una “inspiración de pensamientos” o “iluminación”, sino también una guía verbal acerca de las palabras correctas que los escritores bíblicos debían plasmar.
La inspiración voluntaria e inteligente defiende el hecho de que los autores colaboraron “gustosa, voluntaria e inteligentemente” en la elaboración de la Escritura y no actuaron como meros autómatas ignorantes y sin voluntad. [10]
V. AUTORIDAD DE LA BIBLIA
“Entiéndese por la autoridad divina de la Sagrada Escritura la cualidad peculiar de la Biblia, según cual ésta, como la Palabra verdadera de Dios, exige obediencia de todos los hombres y es y permanece la única fuente y norma de la fe y vida.” [11]
Aunque la autoridad de la Biblia es inherente a ella, puede ser evaluada mediante métodos de comprobación internos o métodos de comprobación externos. Algunos de los métodos internos de comprobación de su divina autoridad, son la predicción y cumplimiento de las profecías señaladas (Hechos 10:43); su uniformidad y armonía a pesar de la variedad de escritores, tiempos y lugares (Lucas 24:27); los milagros realizados para la comprobación del mensaje (Hebreos 2:4); la relación entre Antiguo y Nuevo Testamento; etc. [12]
Los métodos externos de comprobación pueden ser la razón misma, los efectos que la Escritura tiene en los hombres regenerados por ella, la aceptación de la Iglesia misma, etc. [13] El efecto que la Escritura tiene en el hombre, es en sí mismo, una demostración de la autoridad que tiene la Biblia como inspiración divina a los hombres (Hebreos 4:12). Su autoridad es confirmada, de este modo, en la experiencia humana misma de aquellos a quienes la Palabra es expuesta.
VI. EL CANON DE LA BIBLIA
La palabra griega “kanon” significa “regla o vara de medición”. [14] Se le llama libros canónicos a aquellos libros que mediante una prueba determinada, se ha reconocido su autenticidad divinamente inspirada.
En el caso del Antiguo Testamento, el canon fue formado por la tradición judía y corroborado en el concilio de Jamnia (90 a.C.)[15] Jesús mismo utilizó dicho canon (Lucas 24:27, 44). Para los escritos del Nuevo Testamento, el canon fue determinado por el carácter apostólico de los escritos y por la aprobación de la Iglesia principalmente. [16]
Una vez establecido este canon, se puede concluir que las Escrituras como se conocen hoy, “contienen todo lo necesario para la salvación; de modo que no ha de requerirse de ningún hombre que crea como artículo de fe lo que no se halla en ellas, ni sea probado por las mismas”[17] Esto contribuye de manera significativa a su carácter autoritativo mediante la aceptación que la Iglesia, bajo la dirección del Espíritu Santo, tuvo para con los documentos sagrados.
Es así que la Escritura en su canon, es perfecta e inalterable en contenido. Es de igual forma suficiente y final. La misma Escritura afirma que no existe otra revelación que pueda ser dada al hombre además de la que ya se ha dado y ha sido confirmada por el Espíritu Santo en la Iglesia (Gálatas 1: 7-9).
VII. CONCLUSIÓN
La Bibliología brinda un acercamiento profundo a la Escritura, analizando entre otras cosas, su Naturaleza, su Origen, su Inspiración, su Autoridad y su Canon.
Se puede concluir sin lugar a dudas, el origen divino y sobrenatural de la Biblia; su inspiración verbal, plenaria e infalible. La Escritura toma su autoridad de su mismo origen divino, siendo comprobado por evidencias internas y externas, y resultando ser la máxima norma de fe y conducta para el creyente. Su canon fue divinamente supervisado y aceptado por la Iglesia.
Es por ello, que este “libro” compuesto de 66 libros (39 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento), escrito en un período aproximado de 1600 años por 40 autores diferentes, en 3 continentes y 3 idiomas, es sin lugar a dudas, la Palabra de Dios para los hombres.
TEOLOGÍA
I. INTRODUCCIÓN
El ser humano busca a Dios. A lo largo de las edades, el hombre ha anhelado intensamente conocer a Dios, pues en su interior intuye que existe “algo” más allá del mundo físico y su corazón busca conocer ese “algo”.
No ha existido civilización alguna, que de alguna u otra forma no haya intentado el acercamiento a lo sobrenatural para dar explicación a su origen y destino, o a fenómenos naturales, ligando esta búsqueda a la noción de la existencia de un ser que va más allá de los límites de materia, tiempo y espacio. Así que esta “travesía” para “encontrar” a Dios ha sido una constante a lo largo de la historia.
La Teología, definida sencilla y literalmente como el “estudio de Dios”, es la doctrina cristiana que da respuesta a dicha búsqueda del hombre. En la Teología se encuentra no sólo a Dios, sino también todo aquello que Él ha revelado al hombre como parte esencial de su carácter, reflejado en sus actos y dichos.
Sirva pues esta pequeña investigación dentro del manual, como un breve estudio de la doctrina de la Teología como el estudio de Dios, sabiendo el lector que “estudiar a Dios”, es una tarea que requiere ser abordada con la mayor seriedad, cautela y reverencia posible, dada la Dignidad y Valía del motivo de estudio: el Eterno Dios (Proverbios 30: 1-5 y Jeremías 29:13).
II. LA EXISTENCIA DE DIOS
La existencia de Dios forma parte de las verdades absolutas, primarias y fundamentales no sólo de la doctrina cristiana, sino del mismo ser humano. Esta “verdad primitiva” o “intuición racional” de la existencia de Dios ha sido ampliamente vista en todas las partes del mundo y en todas las épocas de la humanidad. [18] Es por ello que la Escritura da por sentada la existencia de Dios sin ninguna intención de demostrar lo que se establece como un hecho básico e innegable. La Biblia comienza con la aseveración verdadera de la existencia de Dios como la plataforma básica de donde parte el estudio de Dios, y sin dejar lugar a la duda de dicha afirmación.
Aún así, existen argumentos válidos que confirman la verdad de la existencia de Dios, aún cuando estos elementos confirmatorios no sean requeridos para validar la existencia de la Divinidad.
Algunos de estos argumentos válidos son: el argumento cosmológico, estipulando que toda cosa que comienza a existir, es el efecto de una causa, por tanto, el universo todo tiene una causa que lo originó (Dios); el argumento teleológico, que establece la observación del orden en todo lo creado, siendo necesario por ello un “diseñador inteligente” (Dios) artífice de tal orden en todo lo creado. El argumento antropológico, que estudia la naturaleza mental y moral del hombre debida a un “ser moral” (Dios) que necesariamente tuvo que dotar de ello al ser humano. [19]
El argumento ontológico o de las ideas abstractas, refiere a la existencia del atributo de la perfección. Muchos filósofos como Anselmo o Descartes, plantean la existencia de la idea de lo perfecto, lo cual apunta directamente a Dios mismo como fuente de lo perfecto. [20]
Existe también el argumento histórico, que destaca una “fuerza y providencia” (Dios) que rigen el destino de la historia de la humanidad. El argumento basado en la creencia universal enfatiza lo apuntado con anterioridad: el hombre a lo largo de la historia ha creído en un Ser Superior, afirmando que la creencia en Dios, es universal. [21]
III. CREENCIAS ERRÓNEAS ACERCA DE DIOS
A pesar de las evidencias contundentes a favor de la existencia de Dios, existen creencias erróneas con respecto a Dios y a Su Persona.
El ateísmo se considera la creencia que niega la existencia de Dios. El politeísmo asegura la existencia de muchos dioses. El materialismo solamente considera verdadera la materia y la energía, negando la existencia del alma, la inmortalidad ni lo espiritual. El panteísmo es la creencia que no distingue entre lo creado y Dios, siendo todo Dios y Dios en todo. [22]
El deísmo cree en la existencia de un Ser Creador Personal, pero después de haber creado todo, estableció leyes que regulen el funcionamiento de lo creado y se alejó de su creación, dejando su gobierno a las leyes de la naturaleza. El pesimismo es la creencia que enseña que la existencia de todo lo creado es lo suficientemente mala como para desear preferiblemente su inexistencia. La evolución ateísta arguye que no existe Dios, y que lo creado se debe tan solo a puras fuerzas naturales (materia y energía) que son eternas. El agnosticismo declara la incapacidad de saber si existe o no una Deidad. [23]
IV. NATURALEZA Y ATRIBUTOS DE DIOS
Para comenzar a hablar de la naturaleza y los atributos de Dios, es necesario definir lo que se entiende por “Dios”. Para ello, se requiere de hacer uso de varias definiciones que expresen con mayor claridad lo que defina el concepto de Dios. Como se notará, tanto la definición de Dios, como su naturaleza y sus atributos, son inseparables. Difícilmente se puede definir a Dios sin hacer uso de las descripciones mismas de la naturaleza y atributos de su Ser.
Según el catecismo de Westminster, “Dios es espíritu, infinito, eterno e inmutable en su ser, sabiduría, poder, santidad, justicia, bondad y verdad.” [24]
Otra definición declara:
“Dios es el supremo espíritu personal; perfecto en todos sus atributos; quien es la fuente, el sostén y el fin del universo; quien lo guía conforme al propósito sabio, recto, y amante, revelado en Jesucristo; quien mora en todas las cosas mediante su Santo Espíritu, procurando siempre transformarlas conforme a su propia voluntad y traerlas a su reino.” [25]
Dios también es “el Espíritu infinito y perfecto, en quien todas las cosas tienen su origen, sostén y fin” o “el Espíritu personal, perfectamente bueno, que en amor santo crea, sostiene y ordena todo”. [26]
Así pues, los atributos de Dios son las cualidades constitutivas de su ser y carácter. [27] Se debe considerar a la suma de cada atributo como la esencia de Dios y no tomarlos por separado, es decir, no son partes separadas sino que cada uno de los atributos de Dios forma un todo indivisible que nos hablan del ser esencial de Dios.
En cuanto a los atributos de Dios, la división del Dr. Strong para su clasificación resulta didáctica y clara. Esta división en dos secciones habla de atributos absolutos de Dios y de atributos relativos de Dios. [28] Los primeros dan cuenta de la espiritualidad, la infinitud y la perfección de Dios por sí mismo, mientras que los segundos relacionan los atributos de Dios con el tiempo y el espacio, con su creación o con los seres morales de su creación.
A. Atributos Absolutos de Dios
La existencia propia de Dios da cuenta de que Él no deriva su ser de ningún origen exterior (Isaías 46:9). Él existe en sí mismo y de sí mismo. La inmutabilidad de Dios se refiere a la invariabilidad que Él tiene con respecto a su existencia, naturaleza y a sus propósitos, no estando sujeto a cambio alguno (Santiago 1:17). [29]
La unidad de Dios es el atributo por lo cual la esencia divina es absolutamente sencilla, indivisa e indivisible (Deuteronomio 6:4). La simplicidad de Dios explica que Él no está compuesto de partes, sino que es un ser único. [30]
La infinidad divina es el atributo divino por el cual Dios no está limitado al tiempo ni al espacio (1ero. De Reyes 8:27). La inmensidad divina habla de que Dios no puede ser medido por ningún confín local. La eternidad divina da cuenta de que Dios no tiene principio ni fin, ni sucesión ni cambio (Isaías 40:28). [31] La espiritualidad (o personalidad) habla acerca de que Dios es un espíritu con personalidad capaz de pensar, sentir, tener voluntad y comunicarse libremente (Juan 4:24). [32] De esta forma, la personalidad de Dios habla también de la racionalidad y conciencia de sí mismo, capaz de auto determinarse siendo un agente moral inteligente. [33]
La trascendencia como atributo divino habla de su auto existencia y su separación de todo lo creado. La inmanencia declara su presencia en todo, pero sin ser mezclado con la creación en sus atributos (Hechos 17:28). [34]
La perfección divina da cuenta de un estado absoluto de cualidad. Es la suma de todas las excelencias (Salmo 18:30). [35]
Cabe recordar que todos los atributos de Dios no deben ser considerados como uno sólo, sino como la coexistente suma de todos en la misma naturaleza de todos. De igual forma es necesario resaltar que ningún atributo de Dios puede ser superior a otro, o que alguno de los atributos de Dios esté en conflicto con alguno de los demás, estando así en conflicto con Dios mismo. Este tipo de errores de consideración deben ser evitados. [36]
B. Atributos Relativos de Dios
La omnipresencia divina da cuenta de que Dios está igualmente presente de manera totalitaria en todas las partes de su creación en el mismo momento (Salmo 139:7, Jeremías 23:24). La omnisciencia de Dios declara su conocimiento perfecto sin necesidad de razonar, o reflexionar, o descubrir cosas, o aprender gradualmente, puesto que sus conocimientos con respecto al pasado presente y futuro son instantáneos (Proverbios 15:3, Mateo 6:8).
La omnipotencia de la divinidad significa su libertad y poder para hacer todo lo que es consecuente con su naturaleza y su control y soberanía sobre todo lo hecho o que pueda ser hecho (Lucas 1:37). [37]
La sabiduría de Dios es el poder de aplicar su omnisciencia, omnipotencia y omnipresencia de manera que los propósitos mejores para su creación sean realizados o cumplidos mediante los mejores medios posibles (Romanos 16:27).
La soberanía de Dios dicta el absoluto derecho de Dios para gobernar y disponer de todo el universo según su voluntad (Judas 1:4). [38]
La santidad de Dios refiere a su absoluta pureza moral. Dios no puede pecar ni tolerar el pecado (Isaías 6:3, Levítico 20:26). La justicia de Dios es la acción correspondiente a la acción de los demás con relación a su santidad (Deuteronomio 32:4, Salmo 92:15). La fidelidad o veracidad de Dios habla de la confiabilidad de que sus palabras se cumplen siempre, y que Él es digo de la más completa confianza (Deuteronomio 7:9). En Dios no hay engaño ni la posibilidad de algo mentiroso. [39]
Algunos autores como Hammond, consideran a la bondad de Dios un conjunto de atributos en donde se incluyen el amor, el cariño, la misericordia, la paciencia y la gracia de Dios. Dicho autor describe la bondad como el atributo por el cual Dios busca continuamente el bienestar de la creación. [40] Pearlman indica que la bondad es el atributo de Dios en razón del cual imparte vida y otras bendiciones a sus criaturas. [41]
El amor es el atributo divino mediante el cual Dios desea mantener una relación personal con su creación, especialmente con quienes llevan su imagen y más con aquellos que “han sido hechos santos y son como él en carácter” [42] Es el impulso eterno de Dios para la comunicación de sí mismo e impartirlo a su creación. [43] Pasajes como Deuteronomio 7:8, Jeremías 31:3, Juan 3:16, Efesios 2:4 y 1era. de Juan 4:8 hablan acerca de este atributo divino.
La misericordia divina es la bondad ejercida para aliviar las desgracias y aflicciones de sus criaturas. Dicha cualidad hace a Dios condolerse y tomar medidas para el alivio de las desdichas.[44] Pasajes como los Salmos 36:7, 108: 4, Tito 3:5, Lamentaciones 3:22 y muchos más, ilustran esta bella verdad.
V. LOS NOMBRES DIVINOS
El estudio de los nombres divinos es en sí misma una tarea titánica. Existen volúmenes enteros dedicados simplemente a la enunciación y clasificación del estudio de los nombres que Dios ha revelado en su carácter y relación con la creación. No pretende este escrito ser extensivo en el asunto, sin embargo si desea proveer una base sencilla para el entendimiento de la revelación que Dios ha tenido para con la humanidad con respecto a diferentes nombres para conocerle. Es así pues que cada uno de los nombres de Dios, tiene una vinculación e indicación del carácter divino. [45]
La clasificación que algunos autores, entre ellos Hammond, aplican a los nombres divinos resulta ser práctica. Se pueden clasificar los nombres divinos en tres grandes divisiones: nombres generales (o básicos), nombres del pacto (revelados a Moisés) y nombres específicos (variaciones de los anteriores).
Dentro de los nombres generales o básicos, encontramos “El” que significa una deidad en general. Es aplicado en pasajes como en la fórmula de Deuteronomio 5:9 para el Dios verdadero, o puede ser aplicado como en Deuteronomio 4: 28 para referirse a falsas deidades. Sus variantes “Eloah” o “Elah” tienen el mismo significado. [46]
“Elohim” es también un nombre general que significa “la única y suprema deidad” y “el Dios de la creación y la providencia”. Es una fórmula en plural pero puede considerarse un singular que transmite la noción del todo que pertenece al concepto majestuoso de la deidad. Es un plural de majestad en la deidad, más que un plural en el sentido de pluralidad de componentes. [47] Este nombre se encuentra en Génesis 1:1 y en Números 23:19.
Algunas nombres específicos (variaciones de estos nombres generales) son “El Elyon” (Dios Altísimo en Génesis 14: 18-22), “El Olam” (Dios Eterno en Génesis 21:33), “El Shaddai” (Dios Omnipotente en Génesis 17:1), “El Elohe Israel” (Dios el Dios de Israel en Génesis 33:20) o “El Gibbor” (Dios Fuerte en Isaías 9:6). [48]
Otro de los nombres generales es “Adon” (singular) o “Adonai” (plural) significando “Señor” o “Amo” y encontrado en Éxodo 23:17 y Génesis 15: 2,8 [49] y “Attiq Yomim” que significa “Anciano de Días” en Daniel 7:9. [50]
Dentro de los nombres del pacto o descritos más específicamente por Moisés en su encuentro con Dios, el principal es “YHWH”, o “Yahvéh” o “Jehová”. Este podría definirse como el “nombre” particular que Dios le da a Moisés para establecer una relación con él. Se puede considerar como un “nombre propio” de Dios entendiéndose como el nombre especial del pacto de Él con Israel. Como nombre propio, acerca a Dios como “persona” a los hombres. Dios mismo define que YHWH es su nombre para siempre en Éxodo 3:15. Su significado en el hebreo contiene la idea de existencia propia, eterna, inmutable y absoluta. [51]
Algunos nombres específicos (variaciones de los nombres del pacto) son “Jehová Jireh” (Jehová que provee en Génesis 22:8,14), “Jehová Nissi” (Jehová es mi bandera en Éxodo 17:15), “Jehová Shalom” (Jehová es paz en Jueces 6:24), “Jehová Tsidkenu” (Jehová justicia nuestra en Jeremías 23:6), “Jehová Shammah” (Jehová está allí en Ezequiel 48:35), “Jehová Sabaoth” (Jehová de los ejércitos en 1ero. de Samuel 1:3), “Jehová Elohe Israel” (Jehová Dios de Israel en Jueces 5:3) y “Jehová Elohim” (Jehová el Dios en Génesis 2:4). [52]
Algunos más de los nombres del pacto son “Kadosh Israel” (El Santo de Israel en Isaías 1:4), “Nesah Israel” (La Victoria de Israel en 1er. de Samuel 15:29).
Tanto “El”, como “Elohim”, como “Jehová”, siendo los tres principales nombres que se encuentran en las Escrituras, se relacionan frecuentemente entre sí para revelar de manera hermosa el carácter de Dios. Sin embargo, es necesario recordar que estos nombres aún son incapaces de reconocer la grandeza de Dios; resultan limitados dada la majestuosidad de Él. Su “Nombre” radica en Él mismo y es incomprensible para los hombres. El hombre sólo puede conocer lo que Él decida revelar de Él mismo, y aún así, el hombre es incapaz de conocerle a totalidad, pues recordemos que Él se reveló a Moisés como “YO SOY EL QUE SOY” (“ehyeh aser ehyeh”) Sólo Él se conoce a plenitud y su “Nombre” descansa en Él mismo. [53]
VI. CONCLUSIÓN
“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Porque ¿Quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Romanos 11: 33-36)
Sin lugar a dudas, el estudio de Dios es una tarea ardua y difícil, pero también apasionante y vigorizante. Dios, en su infinito amor ha decidido revelarse a los hombres, en la medida en la que Él en su soberanía a sabiamente dispuesto. Es el deleite máximo para el hombre el acercarse a su Creador para conocerle de una mejor manera y poder relacionarse con Él.
La Teología sólo es posible en Él. Si Dios no hubiese querido revelarse al hombre la teología tendría una pared imposible de traspasar. En su misericordia Él se ha revelado y puede el ser humano conocerle y relacionarse con Él incluso por la eternidad.
La Teología se embarca en la más importante tarea que la humanidad pudiera entender como razón de vida: la del conocimiento y relación del Dios del universo. Al hacerlo, el hombre no encuentra respuesta otra que rendir adoración a Aquel Ser dueño de únicas y eternas perfecciones.
CRISTOLOGÍA
I. INTRODUCCIÓN
La historia humana es adornada por miles de personajes sobresalientes. Desde gobernantes, héroes, científicos, pensadores, artistas, literatos, y atletas; hasta asesinos, delincuentes, genocidas, tiranos, detractores y farsantes. Todos y cada uno de ellos ha dejado una marca en el mundo.
Sin embargo, hace más de dos milenios, un personaje partió la historia de la humanidad. En un pequeño y desconocido rincón de Belén, Israel, nació el personaje más influyente de las páginas de la historia. Nadie puede quedar al margen de la entrada Jesús de Nazaret a este mundo.
Al igual que hoy, en su época fue amado y odiado; seguido y perseguido; escuchado e ignorado. Jesús causó una convulsión a tal grado que a la fecha existen millones seguidores fieles a Él. Para algunos, un simple carpintero; para otros, el increíble cumplimiento de las profecías. Unos lo describieron como obrador de milagros; para prostitutas y pecadores, un perdonador; para los griegos, un desafío a comprender la muerte y resurrección dentro del ciclo natural de experiencias; para la mayoría de los judíos religiosos, un blasfemo; y para sus discípulos, el Mesías esperado que volvió de la muerte para dar vida eterna a quienes creyeran en Él.
Esta breve parte del manual, tiene la finalidad de presentar al lector el panorama de la época del Mesías: el imperio romano y su influencia, la situación política de Palestina, la dinastía de Herodes y un muy breve bosquejo de la vida del más grande personaje de la humanidad: Jesús de Nazaret.
II. LAS GENEALOGÍAS DE JESÚS
El pueblo de Israel centraba su atención y su esperanza en el Mesías. El Mesías entonces pasa a ser el “título oficial” de la figura central de esperanza de restauración y bendición de Israel. [54]
Una de las máximas credenciales que el Mesías de Israel debía presentar para corroborar su autenticidad, tiene que ver con su genealogía. Aún cuando el Mesías se veía ligado a personajes importantes de la historia bíblica (Adán en relación a su humanidad, Abraham en relación a la promesa de bendición o Moisés en relación al profeta que habla lo que Dios dice), su figura se hace notoria al relacionarse con la línea de los reyes (David).
Esta línea real que se desenvolvía llevaba la sombra de la promesa de un gran Rey que debía venir. El deseo nacional para cada sucesor de la línea real tenía que ver con la esperanza del pueblo de una monarquía plena y mesiánica. [55]
Es de suma importancia la descripción de la genealogía de Jesús dado que conecta al Mesías y el nuevo pacto que trae al mundo, con la historia del pueblo de Israel y el pacto antiguo. Así pues, las genealogías declaran el derecho legítimo de Jesús al trono de David y su cumplimiento mesiánico con la humanidad. [56]
Existen dos genealogías de Jesús en los evangelios.
La primera de ellas está contenida en el evangelio según Mateo en su primer capítulo. Los primeros diecisiete versículos de este capítulo son dedicados a la genealogía de Cristo. El lenguaje que ocupa el evangelista es muy similar al contenido en el libro de Génesis. Esta genealogía recorre cuarenta y dos generaciones. [57]
El registro que Mateo describe, va desde Abraham hasta José haciendo notar que José es descendiente del rey David. Cabe mencionar que el título real pasaba por la línea masculina (1ero. de Reyes 2:4) así que, aún cuando Jesús no fuera hijo natural de José, el parentesco entre José y María le daban total derecho legal de tomar el trono de David. [58]
La segundo genealogía se encuentra en el evangelio según Lucas, en su tercer capítulo, del versículo veintitrés al versículo treinta y ocho. En esta genealogía, se relaciona a José como “hijo de Elí” y no como “hijo de Jacob” como afirma Mateo. Según los especialistas y atendiendo a que Mateo traza la genealogía a través de Salomón (hijo de David), y Lucas traza la genealogía a través de Natán (hijo de David también) [59] se puede afirmar que José era yerno de Elí, pero llamado “hijo” por Lucas por su parentesco al estar desposado con María. Si este resulta el caso, la línea genealógica que traza Lucas se refiere a María, también como descendiente del rey David. [60]
III. JESÚS EN EL IMPERIO ROMANO
Roma en tiempos de Jesús, venía duplicando su territorio al pasar las generaciones. Todo el Mediterráneo estaba bajo su yugo. Era un imperio liberal en cuanto a la difusión e intercambio de ideas novedosas. De igual forma permitía el comercio y comunicaciones en todos los rincones del imperio. Sin embargo, la ley romana podía ser brutal e implacable ante todo aquel que interfiriera en la “pax romana” o la estabilidad del imperio. [61]
Para Roma, el helenismo y el judaísmo fueron tolerantes, aún cuando la religión republicana era la propia de la Roma antigua, basada simplemente en las virtudes civiles y las conductas de observancia externa. Para el imperio romano, daba lo mismo si un asiático, un romano o un egipcio cargaban consigo a sus deidades, sin embargo, para el judío no era así. Según el erudito Alfred Edersheim:
“El romano educado miraba al judío con una mezcla de desprecio y de ira, tanto más porque, según sus nociones, el judío, desde que había sido sometido por Roma, ya no tenía derecho a su religión; y aún se sentía más exacerbado porque, hiciera lo que hiciera él, esta raza despreciada se le enfrentaba por todas partes con una religión que no admitía componendas ni compromisos…” [62]
Tiempo después, se elevó al emperador al grado de “pontifex maximus” implicando poderes casi divinos a los Césares en turno. [63]
Así pues, Jesús nació en tiempos del emperador Augusto César (Lucas 2:1) y bajo la influencia del imperio romano que consideraba divinos a sus emperadores.
La única referencia en la que a Jesús se le preguntan asuntos relacionados con el imperio romano, se encuentran en Mateo 22, Marcos 12 y Lucas 20 sobre un asunto relacionado con el pago de tributo al César. Jesús no respondió negativamente, simplemente enseñó la conveniencia de “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. (Mateo 22:21).
A pesar de que todo reino y autoridad serán entregados a Jesús por la eternidad (Hebreos 1:8) Jesús no consideraba usurpar el reino de Roma, pues Él declaraba en repetidas ocasiones que su reino era celestial y no terrenal (Juan 18:36).
IV. LA SITUACIÓN POLÍTICA EN PALESTINA
Palestina a lo largo de las edades ha sido una zona disputada entre tres continentes: Asia, África y Europa. Múltiples invasiones fueron suscitadas en contra del pueblo de Israel dada la estratégica posición que el área representa para los imperios mundiales que han surgido.
A partir de la época de la expansión del helenismo (desde el 300 a.C. aproximadamente) la tensión en la zona se debía a la resistencia de los judíos al sincretismo adoptado por las nuevas ideas y religiones que la cultura greco-romana instauraba en los territorios conquistados.
Poco antes de tiempos de Jesús, la región había sido disputada entre los Seleucos (herederos del imperio alejandrino de la zona de Palestina) y los Macabeos (Matatías y sus hijos defendiendo la pureza del culto religioso israelita). Esto llegó a su fin con la conquista de Pompeyo en el año 63 a.C. [64]
Roma instauró a Herodes como Rey de Judea en el año 40 a.C. por la relación que tenía este con el linaje macabeo (pues su esposa era del linaje de los macabeos). Herodes intentaba a toda costa introducir el helenismo en la región, construyendo templos en honor a Roma y a Augusto en Samaria y Cesárea, y favoreciendo la introducción de gentiles en la región de Palestina. [65]
Para tiempos de la infancia de Jesús, los judíos se rebelaron contra el tetrarca Arquelao, siendo cruentamente aplacados por el general romano Varo. En Hechos 5: 37 el rabino Gamaliel da cuenta de estos hechos.
En un sentido político, surgieron varios grupos representando diversos intereses del pueblo judío de tiempos de Jesús. Los celotes eran el ala política más violenta y opuesta al dominio romano. Los fariseos eran el partido del pueblo, un tanto ajenos a las situaciones políticas y más interesados en las cuestiones del cumplimiento de la Ley de Moisés. Los saduceos figuraban como el partido aristócrata que colaboraba incluso con el imperio romano. Los esenios son descritos como ermitaños que se alejaban de cualquier contaminación que el sincretismo de la época pudiera acarrearles. Existía una gran variedad de posturas en tiempos de Jesús. [66]
V. LOS CUATRO HERODES
El primero de ellos, y fundador de la dinastía es el llamado “Herodes el Grande”. Fue rey de los judíos desde el 40 a.C. hasta el 4 a.C. Hijo de Antípater (idumeo) personaje de gran influencia en la región y nombrado procurador en 47 a.C. por Julio César. Gozó del favor de Antonio y más adelante del favor de Octavio (Augusto) para defenderse de las pretensiones de la casa de los tolomeos. Realizó grandes obras públicas para ganarse el favor de Roma, pero era odiado por algunos judíos por su ascendencia idumea y por haber exterminado a los asmoneos. Al morir, heredó a tres de sus hijos: Judea y Samaria las dejó para Arquelao (Mateo 2:22), Galilea y Perea las dejó para Antipas, y el Noroeste del territorio a Felipe (Lucas 3:1). [67]
Arquelao o “Herodes el etnarca” reinó en Judea del 4 a.C. al 6 d.C. Hijo mayor de su padre, gobernó de manera intolerante y represiva la zona, por lo tanto, una delegación aristocrática fue a Roma a dar aviso a Augusto de los abusos de Arquelao, siendo así destituido y reemplazado, a partir de entonces, por procuradores romanos designados por el emperador. [68]
Herodes Antipas o “Herodes el tetrarca” reinó heredando de su padre las zonas de Galilea y Perea. Fue el hijo menor de Herodes el Grande. En los evangelios es mencionado debido al encarcelamiento y ejecución de Juan el Bautista (Marcos 6: 14-28) y por la despectiva descripción que Jesús hace de él (Lucas 13). En su juicio, Jesús y Antipas tienen un breve encuentro (Lucas 23). [69]
Fue un gran edificador y un capaz gobernante. Edificó la ciudad de Tiberias en honor al emperador Tiberio. Su sobrino Agripa le denunció ante el emperador Cayo como conspirador por lo que fue depuesto y exiliado.
Herodes “Agripa”, hijo de Aristóbulo y nieto de Herodes el Grande. Se crió en Roma con la familia imperial. Cayo le estableció como Rey de los territorios del Noroeste de Palestina. Cuando Antipas es desterrado, Galilea y Perea fueron agregadas a su reino, y cuando Claudio se convirtió en emperador, Agripa obtuvo también Judea y Samaria. Así que por algún momento Agripa dominó casi un reino en extensión similar al de su abuelo Herodes el Grande. Murió a los 54 años y Lucas registra su muerte en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hechos 12:20-23).
VI. LOS CINCO PASOS EN LA VIDA DE JESÚS
John Stott identifica cinco etapas en la vida de Jesús: su nacimiento y juventud, un año de anonimato, un año de popularidad, un año de adversidad y su muerte y resurrección. [70]
La etapa de su nacimiento y juventud comprende desde la anunciación a su madre, su humilde nacimiento en Belén de Judá, la adoración que le es rendida por pastores, ángeles y sabios de oriente. También incluye el terrible infanticidio perpetrado por Herodes el Grande por sus celos en contra del Mesías naciente.
Por los datos obtenidos de la presentación de Jesús en el templo (llevaron como ofrenda una paloma) se puede inferir que la situación económica familiar de Jesús fue más bien modesta. Fue criado como cualquier niño judío, aprendiendo la Ley de sus padres y enseñándole José su oficio de carpintería. El único incidente fuerte en esta etapa es el relatado en el evangelio de Lucas, cuando se le encuentra platicando con maestros de la Ley en el Templo quienes son sorprendidos por la sabiduría del niño a sus doce años. [71]
En la segunda etapa, el “año de anonimato”, encontramos a Juan el Bautista anunciándolo y bautizándolo en el río Jordán. Es relevante de igual forma la tentación de los cuarenta días en el desierto. Después de ello, algunos discípulos de Juan comienzan a seguirle a Él. Esta etapa registra su primera declaración de su muerte y resurrección: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Juan 2:19). Su plática con Nicodemo también puede sitiarse en esta segunda etapa. [72]
El “año de popularidad” comienza con la lectura del fragmento del rollo de Isaías que confirma su misión (Lucas 4: 18-19). Este año fue caracterizado por su ministerio en Galilea (Mateo 4:23). El Sermón del Monte forma parte de esta etapa también. Realizó milagros como el caminar sobre el agua, calmar una tormenta o alimentar a una multitud hambrienta. Elige a sus doce apóstoles en esta etapa. Su tope de popularidad lo alcanza con la alimentación de los cinco mil, justo antes de la decapitación de Juan el Bautista en la cárcel. [73]
El “año de adversidad” comienza con las primeras dudas sobre su ministerio aún de los propios seguidores alejándose de él (Juan 6:52). Recorrió Tiro y Sidón, Decápolis y Cesarea de Filipo. En Cesarea, Pedro declara la identidad de su maestro: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente” (Mateo 16:16). De igual forma, Él comenzó a revelarles que le era necesario padecer, ser muerto y resucitar (Marcos 8:31-32). Pedro, Santiago y Juan le vieron transfigurado. Llega a Jerusalén haciendo milagros y confirmando su autoridad.
También en Galilea tiene frecuentes encuentros ríspidos con los fariseos con respecto a asuntos del sábado, de la hipocresía de ellos, etc. Entra finalmente a Jerusalén aclamado por la multitud para vivir su última semana de vida terrenal. [74]
Su última semana (última etapa o la de su “muerte y resurrección”) es en Jerusalén, en donde celebra la Pascua con sus discípulos en un aposento alto. En Getsemaní vivió horas angustiosas y fue arrestado dirigido por Judas el traidor. Seis juicios siguieron a su aprehensión: tres en tribunales judíos, uno ante Herodes y dos ante Pilato. Fue injustamente declarado culpable y sometido a la crucifixión. Desde la cruz aún pronunció siete frases que ilustran poderosamente su obra redentora. Finalmente, el primer día de la semana resucitó siendo visto primeramente por las mujeres y después por los discípulos. Estas apariciones siguieron por cuarenta días hasta su ascenso en el Monte de los Olivos dando las últimas indicaciones a la Iglesia que Él mismo es Cabeza y Fundador.[75]
VII. CONCLUSIÓN
“Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.” (Juan 21:25).
Existe una total incapacidad del ser humano de cuantificar todo lo que Jesús de Nazaret ha influido en la historia. Sencillamente es imposible de cuantificar. El corolario que escribe el apóstol Juan parece ser el más indicado para la figura que ha marcado el curso de la humanidad “antes de Cristo” y “después de Cristo”.
Innumerable cantidad de personas dan testimonio día a día de una persona que ha cambiado el rumbo y destino de sus vidas. Innumerable cantidad de himnos, poesías, tratados, literatura, obras de caridad, e incontables hechos más han sido dedicados a Su Nombre. Jesús no puede pasar desapercibido. No existe tal posibilidad de ignorar su vida, ministerio, muerte y resurrección.
Sin lugar a dudas Jesús de Nazaret es Único, y lo continuará siendo para toda la humanidad. Prometió Jesús regresar, y sin duda su regreso marcará de igual, o de mayor forma, la historia del mundo.
PNEUMATOLOGÍA
I. INTRODUCCIÓN
El Espíritu Santo es sin duda alguna uno de los temas de mayor interés en la Iglesia de nuestros días. Desde Pentecostés hasta el día de hoy, es innegable la obra que el Espíritu Santo ha realizado en la vida de millones de creyentes. Sin embargo, hoy día su santo ministerio ha sido invadido por expresiones e ideas ilegítimas concernientes a su divinidad y a su obra en los creyentes y en el mundo.
Ante el surgimiento de nuevos y variados movimientos “eclesiásticos” con expresiones tan diferentes con relación a la Persona y Obra del Espíritu Santo, es necesaria y urgente la investigación bíblica con respecto al tema.
El creyente verdadero encuentra en las Escrituras la información suficiente para cimentar bases sólidas en cuanto a la doctrina del Espíritu Santo. Esto auxilia al cristiano en su plena madurez en el Señor, salvándolo de ser partícipe de ideas o doctrinas equivocadas con respecto al Espíritu Santo.
Esta parte del documento, tiene la finalidad de presentar la enseñanza bíblica con respecto al Espíritu Santo y su obra, además de mostrar las evidencias a favor de la doctrina de la Trinidad. Encuentre el lector este humilde trabajo útil para su vida espiritual.
II. EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO EN EL CREYENTE
Hablar del Espíritu Santo es hablar de Dios mismo. A lo largo de las Escrituras el Espíritu Santo está presente en todas y cada una de las obras de Dios. Desde Génesis hasta Apocalipsis el Espíritu Santo se encuentra claramente visible y obrando.
Sin embargo, el día de Pentecostés, el apóstol Pedro hizo notar el cumplimiento de la profecía dada por Dios a Joel: “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne…” (Hechos 2:16-17a). La promesa de Dios de enviar Su Espíritu a todo hombre comenzó el día de Pentecostés. Este envío del Espíritu Santo está ligado a la fe en Jesús.
Así que el ministerio del Espíritu Santo en el creyente debe ser ligado a la fe en Jesús y como un “don” o un “regalo” de parte de Dios. Tanto el Espíritu Santo como su obra divina en el creyente y en la Iglesia, deben ser vistos como un regalo de parte de Dios. Los escritores neo testamentarios dan evidencia de lo mismo (Hechos 2:38, Gálatas 3:2, Efesios 1:13, etc.).
Se puede decir que la obra del Espíritu Santo en un creyente comienza cuando se ha creído en Jesús por medio de la aceptación del evangelio. Cuando ello ocurre, el Espíritu Santo es quien da nueva vida al creyente (Juan 3:3-8, Juan 6:63 y Juan 7:37-39), le identifica en propiedad a Cristo (Romanos 8:9) y le une a Él (1era. de Corintios 6:17).
Así mismo, el Espíritu Santo le hace parte de los hijos de Dios (Gálatas 4:6), recibe al mismo Espíritu Santo como sello de propiedad de Dios y garantía de recibir sus promesas (Efesios 1:13-14), y también recibe la unción que le identifica con Dios y con Su propiedad y dirección (1era. de Juan 2:20, 27). [76]
En cuanto a la obra del Espíritu Santo en el creyente, tanto de manera individual como de manera colectiva, es notable la aportación que hace el Dr. A. J. Gordon:
“… las influencias de Su Espíritu habían sido manifestadas a los hombres en todas las economías desde Adam hasta Cristo. Pero ahora había de ser hecha una ecclesia… Cristo, presente por el Espíritu Santo, regenera a los hombres por la acción soberana del Espíritu, y los organiza en sí mismo como en un centro vivo.” [77]
Se puede notar que el ministerio del Espíritu Santo es tanto individual como colectivo. El Espíritu Santo realiza una obra en el creyente con relación al creyente mismo, pero realiza también su obra relacionando al creyente con la Iglesia.[78]
Así pues, el Espíritu Santo es la Persona de la Deidad que da el poder al creyente tanto para su vida individual, como para su vida comunitaria dentro del Cuerpo de Cristo (Hechos 1:8). Para el creyente, el Espíritu Santo comienza una obra de regeneración en su interior. El amor de Dios es derramado en él por medio del Espíritu Santo (Romanos 5:5). El Espíritu Santo ayuda a hacer morir las obras de la carne (Romanos 8:13).
El Espíritu Santo enseña, recuerda y guía al creyente (Juan 14:26, Juan 16:13 y Romanos 8:14). El Espíritu Santo ayuda en la comunicación con Dios (Romanos 8:26). El Espíritu Santo produce en el creyente un carácter digno del Señor (Gálatas 5:22, Efesios 5:9, 2da. de Timoteo 1:7 y 1era. de Pedro 1:22).
Para Pablo, el Espíritu Santo es quien comienza y termina la obra de la nueva vida en Cristo del creyente (Gálatas 3:3 y Filipenses 1:6). Esta obra, según Pearlman, incluye en el creyente aspectos como la regeneración del creyente por el Espíritu Santo, la morada del Espíritu Santo en el creyente, la santificación del creyente por el Espíritu Santo y el revestimiento de poder por parte del Espíritu Santo. [79]
De forma colectiva, el Espíritu Santo obra en todos los creyentes. Todo creyente es partícipe del Espíritu Santo y parte del Cuerpo de Cristo. Mediante la “koinonia” del Espíritu, es posible que el mismo y único Espíritu constituya un solo Cuerpo formado de individuos diversos. [80]
La Iglesia es capacitada por el Espíritu Santo mediante dones, con el fin de edificar a la misma y anunciar la salvación a los inconversos. La lista de dones que el Espíritu reparte a la Iglesia es amplia (1era. de Corintios 12 y Efesios 4), y el Espíritu Santo mismo reparte los dones como Él quiere (1era. de Corintios 12:11). Dichos dones deben ser usados para edificación, con sabiduría, con humildad, en sometimiento a la voluntad divina, con orden y en armonía con la instrucción bíblica. [81]
III. LOS PECADOS CONTRA EL ESPÍRITU SANTO
Como Persona y Deidad, el Espíritu Santo es susceptible de ser objeto de los actos, pensamientos y dichos pecaminosos del hombre. En las Escrituras encontramos algunos de los pecados que pueden cometerse en contra del Espíritu Santo.
En Efesios 4:30 y 1era. de Tesalonicenses 5:19, el apóstol Pablo exhorta a los creyentes a no contristar, entristecer o apagar al Espíritu Santo por alguna conducta pecaminosa o forma de hablar inapropiada. En Hechos 5:3 la historia de Ananías y Safira ilustran el pecado de la mentira en contra de la Persona del Espíritu Santo.
El “pecado imperdonable” del que hace referencia Jesús en Mateo 12:31-32, ha sido motivo de profunda discusión teológica, sin embargo, la mayoría de los eruditos concuerdan en que la blasfemia contra el Espíritu Santo se relaciona con el pecado de incredulidad. Esto se concluye al revisar pasajes tales como Hechos 7:51, en donde el incrédulo resiste al Espíritu Santo en la obra de conversión al evangelio.
También se interpreta el negar la divinidad del Espíritu Santo y atribuir sus actos milagrosos a Satanás (Mateo 12:24) como parte de la blasfemia en contra del Divino Espíritu. [82] El Dr. Smeaton comenta:
“A pesar de lo grande y peligroso que es este pecado, tal es la ignorancia que rodea al hombre, que la criminalidad de dicho pecado es completamente desconocida hasta el momento que el Espíritu Santo, el Consolador, lo revela de forma inequívoca. La conciencia puede convencer al hombre de los pecados ordinarios, pero nunca del pecado de la incredulidad. Sólo el Espíritu Santo puede revelar al hombre la enormidad de este pecado.” [83]
IV. LA PERSONALIDAD DEL ESPÍRITU SANTO
Algunos grupos han cometido el error de considerar al Espíritu Santo como una “fuerza” o un “poder” impersonal por el cual Dios actúa en la vida de los hombres. Dichos grupos mezclan las operaciones del Espíritu Santo con Su Persona, es decir: al encontrar ilustraciones acerca del Espíritu Santo como “aliento”, “fuego”, “unción” o “agua”, concluyen que el Espíritu Santo no puede ser una Persona. [84]
Sin embargo, al acudir a las Escrituras se encuentra una clara diferencia entre la Persona del Espíritu Santo y sus poderosas obras, dando evidencia de la personalidad que le caracteriza y no simplemente como un “influjo” sin carácter o personalidad propia.
Por un lado se encuentran en la Biblia las características propias de una Persona descritas en las obras del Espíritu Santo, por ejemplo, su intelecto (Romanos 8:27), su propia voluntad (1era. de Corintios 12:11) y su capacidad emocional (Efesios 4:30). El Espíritu Santo como Persona también puede pastorear (Isaías 63:14), revelar (2da. de Pedro 1:21), enseñar (Juan 14:26), hablar (Hechos 10:19), atestiguar (Gálatas 4:6), interceder (Romanos 8:26), hablar (Apocalipsis 2:7), testificar (Juan 15:26) y ordenar (Hechos 16:6-7).
Por otro lado, las construcciones gramaticales en pasajes como Juan 14:26, en el cual, se incluye el artículo “ekeinos” para denotar un pronombre personal masculino, remarcan la personalidad del Espíritu Santo. Además de ello, es llamado “Abogado” y “Consolador” refiriéndose a labores propias de una Persona. [85]
V. LA DEIDAD DEL ESPÍRITU SANTO
Al igual que en el caso de su personalidad, la deidad del Espíritu Santo ha sido negado por grupos sectarios a lo largo de la historia del cristianismo, aun existiendo gran cantidad de evidencias en la Escritura que presentan al Espíritu Santo como parte de la Deidad.
Algunas de estas evidencias tienen que ver con cualidades que solamente Dios puede tener, y que son propiedad del Espíritu Santo también, tales como la Eternidad (Hebreos 9:14), la Omnipresencia (Salmo 139: 7-10), la Omnipotencia (Lucas 1:35), la Omnisciencia (Isaías 40:13 y 1era. de Corintios 2: 10-11) y la Santidad (Romanos 1:4). [86] Otras evidencias tienen que ver con su actuar en la historia de la humanidad, tal como en la Creación (Génesis 1:2 y Salmo 104:30), el dotar de vida al hombre (Job 33:4), el dotar de sabiduría y habilidades al hombre (Éxodo 31:3) y la revelación de verdades divinas a los profetas del Antiguo Testamento (Ezequiel 2:1-2). [87]
Una evidencia más se muestra cuando en el Antiguo Testamento la frase “Espíritu de Jehová” tiene la misma connotación que “Jehová” (Isaías 30:1, Isaías 40:13 y Ezequiel 3:14). En el Nuevo Testamento se adjudica al Espíritu Santo, palabras que fueron pronunciadas por “Jehová” en el Antiguo Testamento (Hechos 28:25-27 en cumplimiento de Isaías 6:8-10). [88]
VI. EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO EN EL INCRÉDULO
El ministerio del Espíritu Santo, como se ha visto en este pequeño tratado, tiene muy amplia variedad. No sólo ejerce un ministerio en las Escrituras (siendo inspirador de ellas (2da. de Timoteo 3:16)) o en la vida del creyente y de la Iglesia. El ámbito ministerial del Espíritu Santo es muy amplio, abarcando también a los no creyentes.
De manera general, Hammond establece dos situaciones en las cuales el Espíritu Santo trabaja en el incrédulo. Una de ellas es general mientras que la segunda es particular a la persona no creyente. [89] Con respecto al mundo en general, el Espíritu Santo es fuente y controlador de la creación (Salmo 104:30 e Isaías 32:15). La bendición que el Espíritu Santo derrama sobre la creación no distingue entre creyentes y no creyentes.
En particular a las personas no creyentes, el Espíritu Santo ejerce un ministerio de convicción. El Espíritu Santo es encargado de “convencer de pecado, de justicia y de juicio” al mundo (Juan 16:8-11). El papel fundamental del Espíritu Santo para la vida del no creyente va relacionado con la idea de la salvación, del convencimiento de la pecaminosidad del hombre y el inminente juicio que vendrá sobre ellos. De igual forma el Espíritu Santo da testimonio de la justicia que se requiere para demandar las exigencias de la santidad de Dios, a lo cual se requiere la justificación por medio de Cristo. Estas tres ideas centrales, resumen el centro del evangelio para testimonio a los no creyentes en armonía a su propia conciencia, pero independiente a su decisión con respecto a Cristo. [90]
VII. LA TRINIDAD
La doctrina de la Trinidad es una de las verdades esenciales del Cristianismo. Esta verdad no es posible obtenerla sino mediante la revelación que Dios ha hecho de sí mismo en las Escrituras. Sin la revelación cristiana, la doctrina de la Trinidad sería imposible de argumentar. [91]
La doctrina de la Trinidad se centra en tres aspectos fundamentales: 1) No hay más que un Dios, 2) El Padre, el Hijo y el Espíritu es cada uno plena y eternamente Dios y 3) El Padre, el Hijo y el Espíritu es cada uno una persona completa en sí misma. [92]
Tanto las enseñanzas de Jesús, como los escritos apostólicos del Nuevo Testamento, dan evidencia a favor de la doctrina de la Trinidad (Juan 3:13, Juan 10:30, Juan 14: 16-23, Hechos 2:32-33, Gálatas 4:4-6,). [93] Un ejemplo claro de ellas son las “fórmulas trinitarias” que se encuentran, por ejemplo, en la conclusión de la segunda carta del apóstol Pablo a los corintios (2da. Corintios 13:14) o en el Nombre en el cual debían bautizar a los creyentes (Mateo 28:19).
El Antiguo Testamento no está exento de declaraciones trinitarias. Las tres personas de la Trinidad son claramente mencionadas en escritos veterotestamentarios. El Padre se encuentra en Isaías 63:16, el Hijo puede observarse en el Salmo 2:7, 12 y el Espíritu Santo se revela en Isaías 48:16. [94]
Una evidencia más, es que las Tres Divinas Personas ejecutan acciones propias de la Deidad. Por ejemplo, la creación del hombre es realizada por las tres personas de la divinidad (Salmo 100:3 declara que fue el Padre, Juan 1:3 dice que fue el Hijo, mientras que Job 33:4 dice que fue el Espíritu).
De igual modo, títulos como “Rey”, “Roca”, “Autor de la Vida” y cualidades de carácter como “Santo” o “Justo” son adjetivos que se ocupan indistintamente entre las tres personas y sólo pueden ser aplicadas a Dios mismo. [95]
VIII. CONCLUSIÓN
El Espíritu Santo como Persona Divina tiene un importante papel tanto en el creyente, como en la Iglesia, como en el mundo. Hoy en día su papel debe ser reconocido como siempre lo ha tenido en la historia de la humanidad.
Después del tiempo de Jesús, el Espíritu ha sido derramado a cada persona que ha recibido el mensaje de salvación con arrepentimiento y fe en la obra redentora del Mesías, y el Espíritu Santo ha sido señal de pertenencia, unción de guía, regenerador del interior del creyente, dador de dones y vínculo de la unidad del Cuerpo. Para el mundo, el Espíritu ha sido testimonio del evangelio en cuanto a pecado, justicia y juicio.
Sea bendito el Nombre de Dios en Su Trinidad. Él se ha revelado al hombre de esta manera en Su Sabiduría. No queda más que rendirse a dicha revelación y adorar al “Único y Sabio Dios” (Romanos 16:27).
ANGELOLOGÍA
I. INTRODUCCIÓN
El mundo cada día reconoce con mayor franqueza la existencia de un mundo espiritual además del mundo físico en el que habitamos. Las personas buscan respuestas a situaciones que ocurren más allá de lo físico y material. Desafortunadamente, en su búsqueda, optan por consultar prácticas que son abominación delante de los ojos de Dios.
Es innegable la existencia del mundo espiritual, pero un claro conocimiento al respecto de los seres que habitan dicho mundo, alejará a las personas de prácticas supersticiosas, mágicas o místicas, que a la larga le generarán mayores consecuencias negativas que los beneficios que pueda obtener consultando dichos medios oscuros.
Los ángeles han sido seres creídos, respetados, temidos e incluso erróneamente adorados por civilizaciones enteras. La Biblia habla de la existencia de estos seres, indicando su naturaleza, su origen, su propósito y la forma en que ellos se relacionan con su Creador y con los hombres. Sirva esta sencilla parte del documento para señalar tales cosas de los ángeles y también de los seres caídos que atormentan a la humanidad liderados por Satanás.
II. LA NATURALEZA DE LOS ÁNGELES
Un ángel es definido como un mensajero de Dios que tiene una relación familiar con Él cara a cara, siendo por lo tanto un ser superior al hombre (Salmos 8:5). Es una criatura, espíritu e incorrupto en esencia original, pero dotado de libre albedrío, moralmente inteligentes y responsables, por lo tanto, no necesariamente impermeables a la tentación y por ende al pecado. Su término en hebreo es “malak” mientras que en el griego es “angelos”. [96]
En cuanto a su naturaleza se establece que son seres creados (no eternos) por Dios en algún punto del tiempo (el cual no se conoce con exactitud ni la Escritura lo indica de manera clara). Como seres creados, no merecen la adoración del hombre (Apocalipsis 19:10).
También se les define por naturaleza como seres espirituales dado que no tienen un “cuerpo” como en el caso del hombre, y pueden desplazarse de forma diferente a todo el resto de los seres creados. Pero también es relatado en las Escrituras que los ángeles pueden presentarse de manera corpóreamente visible (Génesis 19: 1-3). [97]
Algunas otras características debidas a su naturaleza son la inmortalidad, sustentada en Lucas 20:34-35, en donde Jesús indica que los ángeles gozan de vida inmortal. En este mismo pasaje, los ángeles son indicados sin sexo, puesto que no pueden casarse como los seres humanos. [98]
La Biblia muestra que los ángeles existen por cantidades enormes. Pasajes como Daniel 7:10 exponen la existencia de “millares de millares” de ángeles o de “millones de millones” de dichas creaturas. Hebreos 12:22 considera “muchos millares de ángeles”. De esto se puede confirmar la existencia multitudinaria de estos seres en la esfera espiritual de la creación de Dios.
En cuanto a su carácter, los ángeles son descritos como reverentes a Dios en adoración (Nehemías 9:6), son descritos como sabios (2do. de Samuel 14:17) pero incapaces de discernir los pensamientos del hombre (1ero. de Reyes 8:39) ni capaces de el conocimiento de la gracias de Dios para con los hombres (1era. de Pedro 1:12). Son humildes (2da. de Pedro 2:11) y poderosos (Salmo 103:20). Son santos, apartados por Dios para Su servicio (Apocalipsis 14:10). [99]
III. LA CLASIFICACIÓN DE LOS ÁNGELES
1era. de Pedro 3:22b (“y a Él están sujetos ángeles, autoridades y potestades”) indica que existe una clasificación angelical de acuerdo a su rango, potestad y actividad. De manera general se pueden citar arcángeles, querubines y serafines. [100]
El término “arcángel” significa “ángel principal”. Miguel es descrito como un arcángel en Apocalipsis 12:7 y Judas 9. Gabriel también comparte una posición elevada en Lucas 1:19 y Daniel 8:16.
Los querubines son descritos de forma poderosa en Ezequiel 10, en Génesis 3:24 y en Éxodo 25:22 como parte del diseño del Arca del Pacto y del Tabernáculo. Ello podría significar su cercanía al trono de Dios. [101]
Los serafines aparecen en Isaías 6. Su nombre puede ser traducido como “amor” o “ardiente”. Es por ello que algunos creen que constituyen el grado más elevado de los ángeles por su “amor ardiente” para con Dios. [102]
Otras clasificaciones más, tienen que ver con su ministerio a determinadas naciones (Daniel 10:20-21) o al hecho de permanecer fieles a Dios en durante la rebelión satánica, lo cual des asigna el grado de “ángeles escogidos” (1era. de Timoteo 5:21).
IV. EL MINISTERIO DE LOS ÁNGELES
Los ángeles cumplen con una función esencial que es la de ejecutar los decretos de Dios. Dentro de toda la Escritura se observa que ángeles son enviados a cumplir con determinada orden que el Señor ha decretado (Génesis 3:24, Mateo 13:39 o Hechos 12:23). Además de ello, los ángeles son mensajeros de Dios. Ellos pueden llevar un mensaje de anunciación (Lucas 1:11-20), un mensaje de advertencia (Mateo 2:13), un mensaje de instrucción (Hechos 10:3), un mensaje de aliento (Génesis 28:12) o un mensaje de revelación (Hechos 7:53). [103]
El ministerio de los ángeles a favor de los creyentes se encuentra en Hebreos 1:14, y este servicio incluye el sostenimiento y confortación (Mateo 4:11), la preservación (Apocalipsis 7:1), la liberación (Números 20:16), la intercesión (Zacarías 1:12) e incluso el servicio instantes después de la muerte (Lucas 16:22).
De igual forma los ángeles guardan a los creyentes (Salmos 34:7) y especialmente a los pequeños o nuevos creyentes (Mateo 18:10). Asimismo tienen cuidado de la Iglesia de Cristo (1era. de Corintios 11:10). [104]
V. LA CAÍDA DE LOS ÁNGELES
La caída de los ángeles se relata en conjunto con la rebelión de Satanás. Los ángeles caídos se encuentran descritos en 2da. de Pedro 2:4, Judas 6 y Apocalipsis 12:4.
La Escritura también señala que una parte de estos ángeles caídos tiene su morada en el infierno (2da. de Pedro 2:4) y una parte en el mundo (Juan 12:31). No existe promesa de redención para ellos (1era. de Pedro 1:12) sino más bien está preparado un castigo eterno para ellos (Mateo 25:41).
VI. EL ORIGEN Y LA NATURALEZA DE SATANÁS
Satanás es un ser creado por Dios. Fue creado originalmente hermoso y como el más glorioso de los ángeles creados por Dios. Su nombre Lucifer significa “porta-antorcha”. Su orgullo le llevó a la caída.
En Isaías 14: 12-15 y Ezequiel 28: 12-19 se narra su caída. Deseaba aspirar al trono de Dios y recibir adoración. Como castigo a su rebelión, fue echado del cielo junto con un grupo de ángeles que siguieron a su rebelión contra Dios (Mateo 25:41, Apocalipsis 12:7, Efesios 2:2, etc.).[105]
Una vez caído, Satanás y sus ángeles caídos, intentan obstaculizar los propósitos de Dios. Su nombre significa ahora “adversario”. Ha intentado destruir desde el principio de la humanidad la promesa mesiánica (1era. de Juan 3:12) al igual que el ministerio de la Iglesia (1era. de Timoteo 4:1). Como “calumniador” o “diablo” continuamente se levanta contra Dios (Génesis 3:2) y contra los hombres (Job 1:9).
Como “Apolión” (griego) o “Abadión” (hebreo) intenta “destruir” todas las obras de Dios, además de ser el “tentador” de los hombres (Mateo 4:3). Se le describe en la Escritura como atrevido (Mateo 4:4-5), orgulloso (1era. de Timoteo 3:6), poderoso (Efesios 2:2), maligno (Job 2:4), engañoso (Efesios 6:11), feroz (1era. de Pedro 5:8) y astuto (Génesis 3:1). [106]
Es necesario saber que, aún con todas las características de su naturaleza y carácter que pudieran producir temor en el creyente, Satanás es un enemigo vencido ya, y que su destino es el lago de fuego (Apocalipsis 20:10). Así que no se deben ignorar sus maquinaciones (2da. de Corintios 2:11) pero tampoco el creyente debe temerle pues Cristo le ha vencido ya y le ha dado esa victoria a cada creyente (1era. de Juan 4:4). [107]
VII. EL MINISTERIO DE SATANÁS Y DE LOS ÁNGELES CAÍDOS
El Dr. Graham señala que el principal ministerio de Satanás y sus ángeles caídos se encuentra en Isaías 14:12-17. Estos objetivos son provocar la caída de las naciones, corromper las normas morales y arruinar los recursos humanos. [108]
Packer comenta que Satanás representa la “maldad, malicia, furia y crueldad inimaginables, dirigidas contra Dios, contra su verdad y contra aquellos a quienes Él les ha extendido su amor salvador”. [109]
Satanás se opone a Dios (1era. de Tesalonicenses 2:18), obstaculiza el evangelio (2da. de Corintios 4:4), enceguece, hace caer y engaña a las personas (Lucas 22:3, 1era. de Timoteo 3:7), aflige a los santos (Job 1:12), tienta (1era. de Tesalonicenses 3:5) y disfraza la maldad (2da. de Corintios 11:14).
VIII. ¿CÓMO VENCER A SATANÁS?
Como se menciona con anterioridad en el escrito, Satanás ya está vencido por Cristo (Juan 12:31 y Romanos 16:20). Además de ello, Satanás no puede actuar sin la aprobación explícita de Dios (Job 2:6).
Santiago indica que la manera de que Satanás huya del creyente es “Someterse a Dios” (Santiago 4:7).
IX. LA EXISTENCIA DE LOS DEMONIOS Y LA POSESIÓN DEMONÍACA
Los demonios son poco mencionados en el Antiguo Testamento. Ellos aparecen bajo el término “sair” (sátiro) en pasajes como Levítico 17:7 y 2do. de Crónicas 11:15.
Sin embargo, las referencias neo testamentarias, y en particular en los evangelios, son abundantes. Se les denomina “daimonion” o “daimon”. [110]
En Marcos 3:22 se considera a Baal-zebú como su “príncipe”, aunque más adelante el mismo pasaje indica la intervención de Satanás en las acciones demoníacas.
Pearlman considera el origen de los demonios incierto[111], mientras que Packer los vincula con los ángeles caídos, definiéndolos como seres espirituales corruptos y hostiles a Dios y al hombre. [112]
La posesión demoníaca se entiende como la entrada de uno o varios (Lucas 8:2) de estos seres espirituales al cuerpo de un hombre, dando como resultado enfermedades o problemas físicos tales como la mudez (Lucas 11:14) o la epilepsia (Marcos 9:17) o ceguera (Mateo 12:22).
Jesús libertó a muchos endemoniados y dio potestad a sus discípulos, en su Nombre, para echarlos fuera de las personas (Lucas 10:17, Mateo 10:8, Marcos 16:17, etc.).
X. CONCLUSIÓN
Es innegable la existencia del mundo espiritual. Ángeles, ángeles caídos, Satanás y sus demonios, son parte del mundo invisible pero real.
La Escritura está llena de relatos de la interacción que estos seres espirituales, tanto aliados como enemigos de Dios, realizan con los hombres y con Dios mismo.
El creyente debe ser consciente de la existencia de dicho mundo con sabiduría y con temor de Dios. Dicho mundo representa una realidad que en ocasiones pasa desapercibida, pero que Dios en Su Divina Palabra nos muestra.
Se crea o no se crea en dicho mundo espiritual, su existencia está declarada abiertamente en las Sagradas Escrituras. Todo ello debe llevar al creyente a una renovada confianza en Dios, quien a destinado a los ángeles para su ministración, y ha vencido a Satanás y a sus huestes a través de la obra redentora de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (Colosenses 2:15).
COSMOLOGÍA
I. INTRODUCCIÓN
A lo largo de las edades, la creación del universo ha sido un tema de estudio abordado desde diferentes puntos de vista. Culturas milenarias han atribuido a la existencia de todo lo que conocemos a deidades diversas o a fuerzas que van más allá de la fuerza de la raza humana. Culturas humanistas de los siglos modernos atribuyen el origen de todo el universo a la eternidad y propia subsistencia del mismo.
La Escritura revela con claridad el origen, e incluso el destino, de todo aquello que existe en el universo. La declaración de la Biblia pone en el centro de la escena creadora a Dios mismo y a ningún otro ser fuera de Él.
La cosmología aborda el tema de la creación desde el punto de vista bíblicamente correcto, en donde Dios es el Creador. El entendimiento de esta doctrina fundamental del cristianismo pone cimientos sólidos para la explicación del origen, propósito y destino del universo en que habitamos.
La siguiente sección de la obra, ayude al lector a reconocer a Dios como Ser Creador del universo físico y espiritual, para con ello comprender mejor el universo creado, dotando una renovada confianza en el Señor que crea con el Poder de Su Palabra, constituyendo el universo a partir de Su Única Eterna Presencia (Hebreos 11:3).
II. DEFINICIONES
La creación es entendida como la obra de hacer todo cuanto existe por parte de Dios, quien eternamente tiene en sí mismo capacidad creadora.[113] De igual manera, se sobreentiende que la creación de Dios abarca a todo cuanto existe, con excepción de sí mismo. Esta creación abarca la naturaleza, el hombre y todas otras formas de ser. [114]
Una definición sencilla de la creación es el acto que Dios realizó para hacer existir el universo, los cielos y la tierra, la naturaleza, los seres vivientes y el hombre. [115]
III. EL RELATO DE LA CREACIÓN
Las Escrituras son la fuente en donde se encuentra fielmente relatada la creación de Dios. En los primeros capítulos del Génesis se encuentra la narración del acto creador de Dios. Es necesario recordar que le relato de Génesis no tiene la intención de presentar un cuadro de análisis científico del proceso de la creación (aún cuando se ha encontrado una explicación lógica, científica y racional al evento de la creación). [116] El propósito claro del relato es exaltar la obra creadora del Dios Omnipotente que con Su Eterno Poder y Deidad hizo todo lo que en el universo material y espiritual se encuentra, siendo la Divina Fuente y Origen de todas las cosas. [117]
Existen diversas corrientes tocantes al relato de la creación. La corriente anti-sobrenatural considera el relato como un simple mito. Otra escuela opina que cada “día” mencionado en el relato creacionista se refiere a una “época” más bien que a un día de veinticuatro horas.
La teoría de la “revelación” acerca del relato de la creación, abrazada por Miller, o Wiseman, postula que la creación no se llevó a cabo en seis días, sino que la revelación fue la dada en seis días. [118] Sin embargo, la mayoría de los teólogos aceptan el relato bíblico como factible, y armonizan el relato mediante la siguiente secuencia:
1) Preámbulo. Obra de producción de la materia (Génesis 1:1-2)
2) Obra de producción (o preparación) de las regiones
- Separación de la luz y las tinieblas (Día 1ero.) (Génesis 1:3-5)
- Separación de las aguas superiores e inferiores por el firmamento (Día 2do.) (Génesis 1:6-8)
- Separación del mar de la tierra firme (Día 3ero.) (Génesis 1:9-10)
- Producción de la vegetación (Día 3ero.) (Génesis 1:11-13)
3) Obra de producción de los habitantes
- Producción de luminarias: sol, luna y estrellas (Día 4to.) (Génesis 1:14-19)
- Producción de las aves y los peces (Día 5to.) (Génesis 1:20-23)
- Producción de los animales terrestres (Día 6to.) (Génesis 1:24-25)
- Creación del hombre (Día 6to.) (Génesis 1:26-31)
4) Conclusión. Descanso de Dios y santificación del día séptimo (Día 7mo.) (Génesis 2:1-3)
IV. LA DOCTRINA DE LA CREACIÓN
La doctrina de la creación asevera puntos importantes.
El primero de ellos tiene que ver con la unicidad de Dios en su obra creadora. Nadie aparte de Dios creó juntamente con él. Él es el Único Ser Creador. Dios fue el único creador del mundo. [119] Pasajes como Isaías 45:18 e Isaías 42:5 confirman la doctrina de Dios como único creador de todo cuánto existe.
Otro punto fundamental de la doctrina es que el acto de la creación fue voluntad soberana de Dios (Apocalipsis 4:11). El universo y todo lo que en ello hay existen debido a que Dios deseó en algún momento que vinieran a existencia. Se entiende que la creación fue una sucesión de eventos ejercidos por la libre y creativa obra de Dios. [120]
Asimismo como la materia, el tiempo tuvo existencia por la voluntad divina. Así como la materia tuvo un comienzo de existencia, el tiempo también la tuvo (Job 10:5 e Isaías 40:28). Ello confirma la creación “ex nihilo” o “de la nada”, es decir, no existía ni materia ni tiempo antes de Dios. Dios los creó. Dios es el único Ser Eternamente Existente en sí mismo.
Dios, por tanto, es un Ser aparte de su creación. Él como creador da origen y existencia a todo lo creado y se relaciona con su creación, pero en ninguna manera la creación y Dios son una sola cosa. Dios es independiente de su creación.
Todas estas consideraciones derriban las posturas acerca de la eternidad de la materia, o la coexistencia de Dios con el universo (como asegura el panteísmo), o las afirmaciones ateas con respecto a la existencia del universo sin ningún acto de voluntad de algún ser creador, etc.
Así que se concluye la unicidad del acto libre y voluntario de Dios en su creación, el inicio de la existencia de la materia y del tiempo conforme a esa divina voluntad. Se niega la eternidad de la materia y el tiempo, afirmando así la separación de Dios y su creación, pues Dios es auto existente. [121]
Young añade a estas conclusiones acerca de la doctrina de la creación, el propósito moral y de comunicación de sus bendiciones y bienaventuranza a sus seres creados. Deseaba Dios, según Young, llenar de vida, santidad, felicidad y paz a su creación, procedente y reflejante de su misma naturaleza divina y gloria. [122]
De igual forma, para Lacy, el objeto de la creación es:
“… la expresión de su sabiduría, de su poder, y a la vez el de tener una esfera en donde poder desarrollar los atributos más exaltados de su naturaleza, en la creación y en el gobierno de seres responsables e inteligentes; porque la más alta gloria de Dios se ve en la creación de inteligencias, y en que estas inteligencias sean de seres libres… Dios en su sabiduría y bondad infinitas busca los fines más elevado, y la creación de la criatura no es para que la criatura buscara su propia gloria, sino la gloria del Creador.” [123]
V. LOS ELEMENTOS DE LA PROVIDENCIA
La palabra “providencia” es de origen latino y significa “ver antes” además de “ver por”. Se entiende como providencia la conservación santa, sabia y poderosa de Dios con respecto a su creación, y el gobierno que Él ejerce en cuanto a todas sus criaturas y todo lo que se relaciona con ellas. [124] El universo, a pesar de tener leyes que lo rigen establecidas por Dios, no debe entenderse como una máquina hecha y dejada sola por el Creador. Dios cuida, preserva y sostiene el universo para el cumplimiento de sus divinos propósitos. [125] Esta providencia de Dios se ve claramente enseñada en las Escrituras, en pasajes como Hechos 4:28 y el Salmo 135: 6.
Uno de los elementos de la providencia es la preservación o conservación de la creación por parte de Dios, la cual se puede definir como la guarda de la existencia mediante Su poder de lo que Él ha decidido crear. Nehemías 9:6 y Job 7:20 identifican claramente la providencia preservadora de Dios para con su creación y para con el hombre. [126] La vida depende de la voluntad divina. El universo no podría continuar su existencia si Dios decidiera abandonarlo a su suerte.
La propiedad y dominio sobre lo que Él ha hecho, también es un elemento de su providencia. Este derecho de autoridad total sobre su creación es exclusivo e intransferible de Dios (Salmo 89:11 y Daniel 7:14). El puede utilizar todos los medios para ejercer el gobierno del mundo y del universo (Isaías 44:28).
La ordenación de todos los acontecimientos de los seres humanos, como el nacimiento y muerte de las personas y los incidentes durante la vida, no escapan de la providencia divina (Salmo 39:4-5 y Mateo 10:30). [127] Estos actos de providencia y ligados a la soberanía divina son extensivos a toda la raza humana.
Así mismo, el cuidado providencial de Dios admite la presencia de penas y padecimientos entre los hombres. Esto, lejos de negar la providencia divina, es muestra de ella, dado que Dios ocupa dichos eventos (en su mayoría efecto del pecado existente) como métodos para el cumplimiento de sus divinos propósitos. [128]
La paternidad de Dios puede ser entendida como parte de su providencia. Dios es presentado como “Padre” en el sentido de “Creador” de todos los hombres (Salmo 68:5). También es considerado “Padre” de Israel en virtud de su fidelidad al pacto con ellos (Jeremías 31:9). De igual forma es “Padre” de todo cristiano (Juan 1:12). [129]
Es necesario considerar que la providencia de Dios contempla también la existencia de los milagros. Dios puede intervenir para cumplir sus propósitos de manera sobrenatural cuando Él lo decida en tiempo, lugar y forma. [130]
Finalmente, varios autores consideran que el dominio providencial de Dios sobre el mundo, respeta la libertad humana. Young lo expresa de la siguiente forma: “La soberanía y la predestinación no anulan la libertad”. Agrega, “Por cierto, Dios no entrega los destinos del universo a sus criaturas libres; sino que su dominio lo efectúa por medio que respetan la libertad de ellas”. [131]
Todo ello lleva al creyente a vivir una vida de consuelo, confiando en que la providencia del Señor hará todo propósito para su bien aún cuando circunstancialmente exista la pena y el dolor (Jeremías 29:11). Al reconocer la soberanía y providencia de Dios, se puede confiar en que ni el universo ni el mundo están bajo el destino irracional o la ciega fortuna. [132]
VI. CONCLUSIÓN
El creyente reconoce que el universo encuentra un propósito en Su Creador. Dios ha creado conforme a su divina voluntad y poder todo cuanto existe. El universo no es obra de la casualidad y sí de la causalidad divina.
De la misma forma se entiende el total dominio, control y cuidado del Señor para con todo lo creado conforme a su divina providencia. Nada escapa de la mano del Señor. La vida cobra sentido al entender principios que rigen nuestra existencia y la existencia del mundo que habitamos. El creyente puede confiar en las palabras del Señor a Isaías diciendo “siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías 41:10).
CONCLUSIÓN
La doctrina cristiana ha de ser un tema central en la vida de la Iglesia hoy. Doctrinas fundamentales de la fe deben ser conocidas y vividas por las congregaciones de hoy, tal como lo han sido a lo largo de la cristiandad.
El creyente maduro reconoce la urgencia de afianzar su fe en los puntos centrales del cristianismo, que lo distinguen de la gran ola de falsas enseñanzas y doctrinas que surgen cada vez con mayor frecuencia.
Entiéndase también que la doctrina cristiana, además de ser un promotor del mejor conocimiento de Dios, no sustituye en ninguna manera la relación que cada creyente tiene día a día con Su Hacedor. El estudio sistemático de las doctrinas esenciales de la fe no tiene como propósito un mero conocimiento intelectual, sino llevar al creyente a un amor más fervoroso por nuestro Dios y Señor.
Que este breve y pequeño manual de doctrina cristiana cumpla con dicho propósito: afianzar la fe de los creyentes en Cristo, llevándolos así a tener una relación más estrecha y profunda con nuestro buen Dios y conducirse en una vida digna que refleje el carácter del amado Salvador Jesucristo.
[1] G. H. Lacy, Introducción a la Teología Sistemática, (El Paso, Texas, EUA.: Casa Bautista de Publicaciones, 1972), pp. 50-51
[2] Edgar Young Mullins, La Religión Cristiana en su Expresión Doctrinal, (El Paso, Texas, EUA.: Casa Bautista de Publicaciones, s.f.), p. 151
[3] T. C. Hammond, Como Comprender la Doctrina Cristiana, (Buenos Aires, Argentina: Ediciones Certeza, 1978), p. 20
[4] Juan Teodoro Mueller, Doctrina Cristiana Tomo I y II, (San Luis, Missouri, EUA.: Casa Publicadora Concordia, 1948), p. 91
[5] Young, La Religión, p. 143
[6] Ibíd., p. 152
[7] Mueller, Doctrina, p. 92
[8] Ibíd., p. 98
[9] Hammond, Como Comprender, p. 41
[10] Mueller, Doctrina, pp. 94-100
[11] Ibíd., pp. 112-113
[12] Ibíd., pp. 115
[13] Ibíd. ; Hammond, Como Comprender, p. 51
[14] Hammond, Como Comprender, p. 36
[15] Ibíd., p. 37
[16] Ibíd., pp. 39-40
[17] Ibíd., p. 47
[18] Lacy, Introducción, p. 35
[19] Ibíd., pp. 39-44
[20] Ibíd., pp. 44-45
[21] Myer Pearlman, Teología Bíblica y Sistemática, (Miami, Florida, EUA.: Editorial Vida, 1992) pp. 30-33
[22] Mueller, Doctrina, p. 135
[23] Ibíd.
[24] Pearlman, Teología, p. 36
[25] Young, La Religión, pp. 218-219
[26] Ibíd., p. 219
[27] Hammond, Como Comprender , p. 60
[28] Lacy, Introducción, pp. 70-71
[29] Young, La Religión, pp. 227-233
[30] Mueller, Doctrina, p. 153
[31] Ibíd., pp. 153-154
[32] Pearlman, Teología, p. 42
[33] F.F. Bruce e I.H. Marshall, Nuevo Diccionario Bíblico Certeza, (Barcelona, España: Editorial Certeza, 2003), p. 364
[34] Hammond, Como comprender, p. 62
[35] Lacy, Introducción, p. 80
[36] Young, La Religión, p. 249
[37] Pearlman, Teología, p. 42
[38] Ibíd., p. 45
[39] Ibíd., pp. 45-46; Hammond, Como Comprender, p. 66; Mueller, Doctrina, p. 161; Lacy, Introducción, p. 90
[40] Hammond, Como Comprender, p. 65
[41] Pearlman, Teología, pp. 47-48
[42] Ibíd.
[43] Lacy, Introducción, p. 81
[44] Pearlman, Teología, p. 47
[45] Hammond, Como Comprender, p. 69
[46] Hammond, Como Comprender, p. 70; Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, pp. 366-367
[47] Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, p. 367; Hammond, Como Comprender, p. 70
[48] Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, p. 368; Hammond, Como Comprender, p. 70
[49] Hammond, Como Comprender, p. 71
[50] Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, p. 369
[51] Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, p. 367; Hammond, Como Comprender, pp. 70- 71
[52] Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, p. 367-369
[53] Ibíd., p. 368
[54] Ibíd., p. 879
[55] Ibíd., p. 881
[56] Ibíd., p. 538
[57] Ibíd.
[58] Josh McDowell, Evidencia que Exige un Veredicto, (Miami, Florida, EUA.: Editorial Vida, 1982), p. 366
[59] Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, p. 538
[60] McDowell, Evidencia, p. 366
[61] Paul Johnson, Historia del Cristianismo, (Barcelona, España: Ediciones B, 2006), p. 17
[62] Alfred Edersheim, Comentario Bíblico Histórico, (Barcelona, España: Editorial CLIE, 2009), p. 632
[63] Johnson, Historia, pp. 17-18
[64] Justo L. González, Historia del Cristianismo Tomo 1, (Miami, Florida, EUA.: Editorial UNILIT, 1994), p. 26
[65] Ibíd.
[66] Ibíd., p.27
[67] Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, p. 587
[68] Ibíd.
[69] Ibíd., 587-589
[70] John Stott, Cómo Comprender la Biblia, (Buenos Aires, Argentina: Ediciones Certeza Unida, 2004), pp. 105-122
[71] Ibíd., pp. 105-108
[72] Ibíd., pp. 108-111
[73] Ibíd., pp. 111-114
[74] Ibíd., pp. 114-118
[75] Ibíd., pp. 118-122
[76] Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, p. 459
[77] A.J. Gordon, El Ministerio del Espíritu, (Barcelona, España: Editorial CLIE, 1984), p. 55
[78] Ralph E. Knudsen, Creencias Cristianas, (México D.F., México: Casa Unida de Publicaciones, 1954), pp. 82-85
[79] Pearlman, Teología, pp. 223-226
[80] Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, pp. 461
[81] Pearlman, Teología, pp. 243-245
[82] Ibíd., p. 234
[83] Ibíd., p. 222
[84] Ibíd., p. 206
[85] Hammond, Como Comprender, pp. 192-193
[86] Pearlman, Teología, p. 206
[87] Young, La Religión, p. 207
[88] Hammond, Como Comprender, pp. 193-195
[89] Hammond, Como Comprender, p. 201
[90] Gordon, El Ministerio, p.207
[91] Hammond, Como Comprender, p. 74
[92] Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, p. 1363
[93] Ibíd., p.1363-1365
[94] Pearlman, Teología, p. 53
[95] Ibíd.
[96] Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, p. 57
[97] Pearlman, Teología, pp. 58-59
[98] Ibíd.
[99] Ibíd., p. 61
[100] Billy Graham, Los Ángeles. Agentes Secretos de Dios, (Miami, Florida, EUA.: Editorial Caribe, 1976), pp. 57-67
[101] Ibíd., p. 63
[102] Ibíd., p. 62; Pearlman, Teología, p. 60
[103] Pearlman, Teología, p. 61
[104] J.I. Packer, Teología Concisa, (Miami, Florida, EUA.: Editorial UNILIT, 1998), p. 76
[105] Pearlman, Teología, p. 61
[106] Ibíd., p. 65
[107] Packer, Teología, p. 80
[108] Graham, Los Ángeles, p. 74
[109] Packer, Teología, p. 79
[110] Bruce y Marshall, Nuevo Diccionario, p. 342-343
[111] Pearlman, Teología, p. 66
[112] Packer, Teología, p. 77
[113] Lacy, Introducción, p. 119
[114] Young, La Religión, p. 256
[115] Alfonso Lockward, Nuevo Diccionario de la Biblia, (Miami, Florida, EUA.: Editorial UNILIT, 1999), p. 254
[116] Hammond, Como Comprender, p. 81
[117] Young, La Religión, p. 257
[118] Samuel Vila y Santiago Escuain, Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado, (Barcelona, España: Editorial CLIE, 1985) pp. 189-191
[119] Hammond, Como Comprender, p. 85
[120] Ibíd., p. 86
[121] Ibíd., pp. 83-86
[122] Young, La Religión, p. 258
[123] Lacy, Introducción, p. 125
[124] Ibíd., p. 135
[125] Young, La Religión, p. 270
[126] J.M. Pendleton, Compendio de Teología Cristiana, (México D.F., México: Casa Bautista de Publicaciones, 1981), p. 125
[127] Ibíd., pp. 129-130
[128] Young, La Religión, p. 281
[129] Hammond, Como Comprender, p. 91
[130] Young, La Religión, p. 275
[131] Ibíd., p. 273
[132] Pendleton, Compendio, p. 131
[...] Dios, en su infinita soberanía, gracia y amor, ha decidido revelarse a los hombres. La humanidad, necesita que Dios quiera mostrarse, pues de otra forma estaría incapacitado en conocerle. Dios se revela al hombre, y le da a éste los medios necesarios para poder atender a dicha revelación.[1] [...]
[...] progresiva, y también de forma unitaria y con propósito a lo largo de la historia de la humanidad.[2] Primeramente se ha revelado a los hombres mediante una “revelación general” (Hechos 14:17, [...]